Por H.Martín

Las Fronteras

Rumichaca. (Frontera Colombia ecuador) 

 

El cenit ecuatoriano; Un sol inclemente de medio día, se posa sobre la pobre gente, que huye de un sueño a otro, agobiados por el hedor de los desperdicios oxidándose en el suelo, comprimidos por el peso de las horas, miseria sobre miseria, fermentándose, añejándose ocultamente ante la presencia de los habitantes errantes de la frontera.

Una patria despoja a su pueblo, en el aborto caustico del atropello, exprimiendo hasta la saciedad sus cuerpos, desechas van agotadas estas tristes almas con su áspera piel pegada a los huesos…Van con la esperanza amarrada al cuello que aprieta a cada kilómetro que avanzan, a cada peso, a cada dólar que van gastando en el destierro. 

La fila engorda, mientras sus integrantes se hacen más flacos, son miles los que están esperando un sello o un documento que legalice su exilio. Hay disturbios y desmayos, en medio de los llantos infantiles, por todos lados se encuentran  montones de maletas, tugurios improvisados y romerías. Así van los venezolanos, enfilados hacia los límites del desespero.  Personas que arriesgan TODO, su vida, su integridad y su familia para cambiar su fortuna. A la deriva viaja una juventud desnutrida, golpeada y arrancada del seno materno, entre malhechores y personas honestas, profesionales y analfabetas que dejan un país viejo y desolado, con el deseo de seguir la marcha y dejar atrás el retorcido sentimiento de odio nauseabundo alimentado por la desgracia, sin pensar que llegaran a un lugar similar, lleno de carencias e injusticias.

A los desvalidos les aplasta un poder demasiado cruento, los reyes y gobernantes; Señores del improperio, quienes desde sus solares piden orden y juzgan los problemas sociales sin permitirse pensar en las verdaderas causas que los origina, sin sacrificar uno solo privilegio. 

¿Cómo puede un hombre perseguido, detenerse a contemplar un atardecer con sus destellos gloriosamente coloridos? ¿Cómo puede un niño hambriento sin raíces, deleitarse con el simple juego que le ofrece cualquier objeto? ¿Cómo puede una mujer procurar amor y calidez a un hogar que se hace pedazos a cada momento?, ¡qué será de esta pobre generación de parias! 

Es verdad que todos tenemos destinos heredados, y que los poderes en el mundo han sido adquiridos ilícitamente por guerras, invasiones y  democracias fraudulentas. El disfraz perfecto para engañar a un pueblo que no pierde la esperanza en la libertad y en la ilusión del sufragio para cambiar su horizonte en este crepúsculo nefasto de pequeñas monarquías disimuladas, las cuales vomitan pobres a diestra y siniestra.   

Las ciudades de América Latina están en un estado de ebullición, casi a punto de estallar, las migraciones caóticas y desenfrenadas se desbordan por todas las fronteras, marejadas de gente huyendo de sus países, buscando el bienestar para sus familias, se sumergen en un alucinante y terrible sueño, que resulta ser toda una pesadilla. Llegan a Colombia millones de venezolanos a engrosar las cifras de desempleo, de marginalidad y criminalidad, Colombia, un país con tazas altísimas de pobreza, desnutrición,  desplazamientos internos y violencia… ¿Cómo un país tan herido y perturbado puede ser refugio de esta población venezolana? Llegan a sumarse a los problemas sociales, a acrecentar la crisis, pasarán a ser parte de la informalidad y la explotación laboral, generando más desempleo, otros serán reclutados por la delincuencia para terminar de preparar la receta perfecta del caos en el continente, porque esto se replica en cada país donde llega este éxodo sudamericano.   

Sin embargo al final todos somos extranjeros en algún momento, nos encontramos en el planeta tierra frente a miles de extraños que se cruzan por nuestras errantes vidas. La patria ha sido un invento de los oscurantistas y demagogos incapaces de asumir la vulnerabilidad de su existencia. 

Desde tiempos remotos las migraciones han estado presentes en la historia del mundo, porque somos seres planetarios participando de toda transformación en la tierra, al igual que las aves migratorias cumplimos una función muy importante para el desarrollo de nuestra existencia, nuestro ecosistema, cultura e intercambio económico. Todo cambia a través de los años, a pesar de que la modernidad haga sus reformas y las circunstancias muten constantemente, pero la condición humana siempre va a ser la misma, porque la enfermedad, el hambre y la necesidad no tienen fronteras ni  distinción de razas. Las más grandes economías del mundo se han desarrollado con manos migrantes, como es el caso de los EE.UU, cuya producción industrial se debe a la cantidad de latinos, europeos, asiáticos, africanos, y personas de todas partes del mundo especialmente de países subdesarrollados y explotados, quienes trabajan en sus fábricas, construyen sus edificios… y luego son escupidos como un hueso recién roído, víctimas de los oportunistas explotadores. El sueño Americano, entonces se convierte en una diáspora de terror, muchas veces propiciada por los embargos ilegales e inhumanos que hace a otros países.  

Existen entonces pensamientos mediocres y egoístas que se aferran a sus banderas, a su desnutrida patria, creando en el centro de su lógica males como la xenofobia fratricida,  pues el único problema de los migrantes es la ignorancia, la incapacidad de afrontar los nuevos retos con inteligencia y humanidad. Todos compartimos el mismo destino, todos pertenecemos al planeta tierra, todos sufrimos de diferente manera la desigualdad, la discriminación y la explotación. Abrir la mente y migrar hacia nuevos horizontes es un ciclo biológico indispensable para sobrevivir y conservar sano nuestro entorno. Es momento de socavar todas las murallas que edificaron los antiguos fundadores de repúblicas mezquinas, los castillos de estiércol seco y duro de la nobleza, que aun cuidamos en nuestras prácticas democráticas. 

El viejo mundo que parió tanto delirio está a punto de agonizar. Todos unidos acompañaremos su marcha fúnebre en un exuberante carnaval, así como los ríos corren por su cauce sin restricciones ficticias, como una sola especie, junto a todas las demás especies consideradas terrícolas.  

El mundo será de todos y para todos. Cambiando nuestras antiguas maneras de pensar, podremos caminar hacia el futuro.

 

 

Por H.Martín 

Poeta bogotano, autor de “Las deidades del delirio”, libro de poesía contemporánea visceral con estructura clásica romántica. Guionista de profesión, anarquista de vocación, comunista para quienes no conocen a Marx y un soñador de imposibles.

 

 

 

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