Por Fabio Ramirez

Enerio

“Si me va a grabar, déjeme yo me organizo las orejas, que me gustan bien puntiagudas, y me relamo la panza para que salga reluciente. Ah, y distorsione mis relinchos, me hace el favor”, comenzó advirtiendo mi entrevistado. ¿Por qué los relinchos?, pregunté con curiosidad. “Porque los relinchos son lenguaje en clave de nosotros los burros y no queremos que nadie los descifre”, fue su respuesta, y un mundo totalmente desconocido pareció abrirse ante mí, que creía estar bien informado. 

Ah, no se preocupe que esto que tengo acá sólo es una grabadora de audio.

Pero sí van a hacer dibujitos de mí. Además me gusta estar siempre bien presentado. –Remató. 

Así empezó la corta entrevista que sostuve con Enerio, un burro quinceañero que me contó detalles, historias y anécdotas de su vida y de los de su raza. Al principio pensé que no hablaría conmigo, pues a los burros no les interesa contar sus más íntimos secretos a los humanos, sin embargo, tras varios meses de porfiar en el intento encontré la forma de atraer su confianza:

—Yo no iba a hablar, pero usted es de aquellos que le consienten a uno las orejas para quitarnos la picazón, y eso nos gusta. Me diría tiempo después. 

Gracias a eso, Enerio me tomó confianza y decidió concederme la entrevista que reproduzco a continuación para comodidad de lectores de todas las especies. 

El día de nuestra cita lo encontré subiendo por una calle empinada, tan empinada que parecía conducía al mismo cielo. Pero a donde conducía en realidad era a la parte más alta del Barrio San Rafael Suroriental, un barrio cobijado por montañas enormes y que como su nombre indica, queda en el suroriente de la ciudad de Bogotá. Llegó lleno de trastos en su lomo, tarareando una canción de Jorge Velosa llamada Mi Burrito y acompañado de su mejor amigo Cusumbo, un perrito criollo que dice defenderlo de cualquier amenaza, principalmente humana. 

¿Muerde? Pregunté con vacilación.

Sólo si me jalan la cola o se montan encima mío sin mi permiso.

La historia de Enerio

Fabio Ramirez: Cuéntenos un poco de su historia de vida, de sus estudios universitarios, de su trabajo y de la coyuntura mundial.

Enerio: Son muchas preguntas, debería ser más concreto. Pero bueno, antes que nada, a nosotros nos gusta el trato con cariño, así que puede ser menos informal en sus preguntas, y hasta me puede tutear si quiere. 

Fabio: ¡Está bien, lo intentaré!

Enerio: Primero le cuento que mi “ama” doña María, que es una señora muy buena, fue la que me trajo a estas montañas. A propósito esa palabra “ama” suena horrible, además no es mi ama sino mi amiga, así que de ahora en adelante le diré Doña María y ya. 

Fabio: De acuerdo…

Enerio: Es capricho de los humanos decir que ellos son nuestros amos, pero en fin, eso es otro tema. Bueno, el caso es que yo nací en Ubaté, un pueblito cercano a Bogotá, y hasta allá fue doña María a ver burros, entonces me vio a mí en unas ferias y fiestas. Ella me contó que cuando me vio, de inmediato supo que me quería llevar: se acercó y me tocó y hasta me abrazó. Esos son recuerdos vagos que tengo porque yo era un chicuelo que apenas estaba explorando el mundo. No sé mucho de mi mamá, ni de mi papá, ni de la primera lavaza que comí, solo que cuando me trajeron era el mes de enero, y por eso ahí mismito quedé como Enerio. Y desde eso ya llevo acá 15 años ayudando a recoger la comida para los marranos, a espantar a los gallos arrogantes y a traer la leche en cantinas bien grandes. 

Fabio: ¿Y qué le hicieron cuándo cumplió los quince, amigo Enerio? ¿Le puedo decir “amigo”?

Enerio: Sí, sí puede. Las gallinas, perros y vacas, que son mis compadres del barrio, me hicieron un pastel en forma de burrita lo más de chusco. 

Fabio: ¡Qué afortunado!

Enerio: Pues para qué le digo que no, si sí, viejo Fabio. Una vez me enfermé en uno de mis cascos y los vecinos de doña María me querían sacar del barrio porque decían que yo relinchaba mucho y que era un flojo. ¿Ah? ¡Dizque un flojo! ¡Cuando los burros nos la pasamos trabajando todo el día! Pero Doña María me defendió con gallardía. Me llevó al veterinario, me lavó el casquito con formol y me consentía con un delicioso caldo de papas. Así es como debemos ser tratados los burros del mundo: con mucho amor y con mucha comida. 

Fabio: Noto que quiere mucho a doña María. 

Enerio: Sí, es que ella sí nos sabe tratar. Ella me dice, por ejemplo: “hola mijito, cómo está” y me coge las orejas con cariño para que no me asuste, entonces yo muevo la cabeza y ella también se pone contenta.

Fabio: Debe ser una gran mujer.

Enerio: Pero también hay recuerdos duros. Resulta que tenía dos hermanos mayores, uno llamado Marcelino, traído en el mes de Marzo y otro llamado Augusto. 

Fabio: Traído en el mes de Agosto… 

Enerio: Exacto. Pues fíjese que a Augusto lo mordió un perro de esos que los humanos entrenan para convertirse en asesinos y el pobre se desangró. Y Marcelino fue desaparecido por culpa del conflicto armado y no hemos vuelto a saber de él, y por eso quiero que tenga éxito el proceso de Paz que se adelantó en la Habana. Son cosas que me pusieron triste y nadie se imagina cómo es un burro triste.

Fabio: ¿Cómo es un burro triste? 

Enerio: Nos tapamos los ojos con las orejas para que no nos vean llorar.

ENERIO POR ÉL MISMO

A medida que me permitía conocerlo mejor, Enerio se sentía más confiado contándome cosas tan dispares como su filosofía, sus libros preferidos y su dieta.

Fabio: Se sabe que los burros trabajan mucho. Por eso me gustaría que me contara mejor sobre sus actividades y aficiones en los momentos de ocio. 

Enerio: Aficiones tengo muchas. Luego de trajinar cargando la leche y la comida para mis amigos los marranos, me pongo a filosofar sobre el cielo de los burros y sobre las burras que me roban el corazón. También me gusta jugar al parqués y echar chistes sobre los humanos. 

Fabio: Es muy productivo entonces.

Enerio: Eso depende porque hay días en los que solo me gusta despulgarme. Pero sí, generalmente empiezo a las 6:00 am ayudándole a doña María y estoy acabando a las 6:00pm. Para esa hora ya he comido mi dosis de pasto con insectos y ahí me va cogiendo el sueño. Y yo duermo siempre de pie, porque soy muy valiente.

Fabio: Siempre me ha parecido curioso que los burros se la lleven tan bien con los humanos. 

Enerio: No, no, no, no, no. Son los humanos los que se la llevan bien con nosotros. A nosotros nunca nos han preguntado cómo nos sentimos, bueno, aparte de usted señor periodista. Pero nunca nos dicen si nos gusta que nos jalen la cola, que nos den juetazos, que nos rasguen las orejas. Yo creo que la humanidad ha sido ingrata con nuestra raza, aunque haciéndole honor a la verdad hay humanos nobles. ¿Usted se imagina a Jesucristo sin su burro? ¿O a Sancho Panza sin su hermoso Rucio? Yo hasta diría que sin nosotros no habría civilización humana, ni literatura, ni música ni nada de esas cosas de las que ustedes se vanaglorian.

Fabio: Noto que tiene una imagen muy desfavorable de nosotros y hasta siento un poco de rencor. ¿Qué otras cosas le molestan de los humanos? 

Enerio: (Relinchos). Obviamente que nos peguen por todo. Pero algo que me enfurece (relincha de nuevo) es que anden inventando frases dizque célebres a costa nuestra. Qué es eso de “A los burros palos, y a la mujer regalos”, o “Un burro hablando de orejas”, o eso de “La carne de burro no es transparente”. Se aprovechan de nuestra nobleza y le cuento que “el miedo no anda en burro”, por más que se empecinen en decir lo contrario. Así que yo no diría que es rencor sino indignación, pues el rencor no nos dejaría trabajar y empañaría nuestro noble corazón.

Fabio: Mmm, qué interesante. Creo que el amigo Enerio está empapado de la cultura de los burros a lo largo y ancho de la historia.

Enerio: Ah, es que como yo digo: “Que trabajen los casados y estudien los burros”. Pero es más bien cultura general. Son cosas que aprendí el semestre pasado en la Universidad Autónoma de Saturno, que es nuestra sede principal de estudios superiores. Pero sí, no debería contárselo pero tenemos libros, música, películas. 

Fabio: Burrología en estado puro. 

Enerio: Sí, hemos salido en casi todas las mitologías del mundo y hasta Chesterton nos hizo un poema. 

Fabio: ¿Y quién es Chesterton?

Enerio: Ni idea, pero debió ser un tipo muy desocupado para ponerse en esas.

Fabio: Los libros…eso suena curioso.

Enerio: Hay muchos Best seller para nosotros, como por ejemplo clásicos de la talla de La Guerra de los Mil Burros, En Busca del Burro Perdido y hasta literatura de autoayuda, que en mi opinión es pésima, como ¿Quién se ha Robado mi Burro?, pero entre la burrada respetamos los gustos de cada quien.

Fabio: Y en cuanto a las películas…

Enerio: Veo que usted es un esnobista, algo muy común entre los de su especie. Bueno, entre las películas pueden encontrarse títulos como: 2001 Odisea del Burro Espacial, Todo lo que quiso saber sobre los Burros y nunca se atrevió a preguntar y La Venganza de los Burros 1,2 y 3. Pero si me pregunta, lo que más me gusta es la música. 

Fabio: ¿Ah sí?

Enerio: Sí. Y mi cantante favorito es el Burro Mocho

Fabio: Impresionante, nunca me imaginé que entre la burrada existiera semejante cultura tan rica.

Enerio: Lo que pasa es que no nos gusta presumir de esas cosas, de hecho ya me estoy aburriendo con usted, viejo Fabio, con todo respeto. 

Entendiendo el directazo de Enerio me despido con la promesa de hacer público lo que me contó, pues fue la exigencia que él puso. 

Enerio: Se me olvidaba decirle que una de las dos cosas que más me gusta hacer en la vida es salir a volar con mi amigo Cusumbo. 

Fabio: ¿Salir a volar?

Enerio: Sí.

La incredulidad no me dejó reaccionar. Pero así fue. Presintiendo que la entrevista acababa y como para darme una bofetada de complicidad, Enerio me dijo despidiéndose:

Si se porta bien, a la próxima también lo llevo de paseo en mi lomo y le cuento cuál es la otra cosa que más me gusta hacer en la vida.

Entonces se amarró sus orejas en forma de hélice y las giró como si fuera un helicóptero. Y a medida que empezaba a elevarse, Cusumbo apareció de la nada y se encaramó en el lomo de su mejor amigo.

Y cuando se estaban perdiendo en el cielo, se alcanzó a escuchar:

-¡Hasta luego, humanos ridículos!

 

Entrevista dedicada a todos los burros del mundo caídos en combate, víctimas del maltrato humano. 

 

Por Fabio Ramirez 

Sociólogo colombiano 

 

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