Se oyeron entonces, resonar los tambores, en la profundidad del interior de la tierra, las vibraciones se fueron elevando y un sin fin de sonidos fueron vistiendo la vida.

 

Hablar del origen de la música, del lenguaje que habita en el arte en todas sus formas de expresión, es hablar del origen de la vida.

 

Diferentes culturas del mundo han planteado desde su propia cosmogonía la concepción del arte, comprendiendo que es allí donde se logra encontrar la unidad del lenguaje para toda la humanidad y desde esta, para con todo cuanto existe y habita en la naturaleza y en el gran misterio del universo.

 

El lenguaje del arte trasciende las diferencias de las lenguas, unificando la expresión en la forma en la que todos los seres podemos comprendernos, a través de las frecuencias vibratorias, las cuales logran comprenderse cuando son emanadas de manera consciente.

 

Un vivo ejemplo de cómo se mueve la consciencia a través de la vibración, en este caso sonora, es la música, la cual según sea su frecuencia incide en nuestro estado de ánimo, y por ende en las acciones consecuentes.

 

Por ejemplo, cuando escuchamos música con acordes de melodías suaves y/o alegres y armoniosas, nuestra consciencia se mueve impulsada por esas vibraciones, elevando nuestro ser a estados de inspiración, calma, meditación, liberación y plenitud, un estado en donde en soledad podemos encontrar unidad con el todo, o en colectivo, podemos encontrar la totalidad de sentirnos los unos a los otros, escucharnos y comprendernos, sin requerir el lenguaje verbal.

 

De manera contraria, sucede cuando escuchamos música estridente o deprimente, nuestra consciencia también se ve afectada, nuestras frecuencias se tornan densas, y el estado de ánimo decae, afectando con el tiempo (cuando esto se convierte en un hábito frecuente) nuestra manera de pensar y actuar.

 

Es allí cuando comprendemos que todo es vibración, y que cada uno de nosotros nos alimentamos de estas continuamente, y de la misma manera, las transmitimos.

 

Cabe resaltar que las emanaciones vibratorias en todo cuanto existe, son permanentes, y que no se encuentran exclusivamente en la sonoridad receptiva al oído, estan presentes en nuestra manera de pensar, sentir y actuar, por ende, se perciben en nuestras obras, e incluso en nuestro desarrollo y apariencia física.

 

Es allí donde en una pieza artística, podemos percibir además del sentido de la obra, la energía del artista que esta plasmado en ella.

 

De esa forma, como es el vivo ejemplo del arte, somos capaces de trasladarnos,a través de el, movernos y hacernos conscientes de las diversas realidades multidimensionales, transmitir nuestras vibraciones y llegar a enlazar nuestra energía en diferentes espacios de la creación. Cuando nos permitimos despertar esto en nosotros, abriendonos a enfocar nuestra atención a la vibración y la frecuencia de la realidad o estado de consciencia al que deseamos llegar, accedemos al lenguaje universal, el lenguaje creativo.

 

Para todo ello, es importante comprender que este lenguaje comparte una esencia unanime, que permite comprender al otro, sin embargo, es este un lenguaje multiforma, en donde son manifiestas realidades, sensaciones y formas de pensamientos diferentes, unidas, a una misma matriz universal.

 

Para los pueblos ancestrales (entendiendo que la ancestralidad esta presente en toda la tierra de maneras distintas, acorde a sus características geográficas y culturales) el lenguaje sonoro hace parte de la ritualidad, una forma en la que se logra conectar con el espiritu que habita en las diferentes materias, y con el espiritu que carece de cuerpo físico terrestre, pero que habita en su forma de vida en otras dimensiones. Luego de establecer estas formas de comunicación, se logran poner en manifiesto diferentes creaciones que por medio de una pintura, una escultura, un tallado o un tejido, transmiten la profundidad de otras formas de existencia.

 

Se cuentan en distintas historias mitológicas, que cada instrumento musical y artístico tiene su espíritu propio, y que estos seres se han integrado desde su espacio de vida, a nuestra dimensión, compartiendo su alma, un alma que invita a unificar y trascender, a sublimar nuestra naturaleza humana y fundirla con el todo, en ese gran misterio, en la geometría sagrada, en la sonoridad que contiene el universo, en la sonoridad y la colorida y diversa forma que contiene el planeta que habitamos, nuestro planeta azul, e incluso, en la posibilidad de realizar una inmersión consciente en otros componentes planetarios, astrales.

 

“El arte y la pedagogía traen el despertar sensorial tan necesario para la humanidad”…

 

Lo anterior, nace inspirado en esta última frase que comparto, una palabra que escuché del artista Mauricio Cuchimba, un artista y pedagogo integral, perteneciente al pueblo originario Nasa del Cauca, sur de Colombia.

 

 

 

 

 

Autora :

Xochi Bucuru

 

 

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