“Que todo el mundo sepa, que aquí estamos, que somos muchas y entre todas somos Fuego

Así, con esta frase que se ha convertido en emblema entre las mujeres, fue convocada la marcha feminista del pasado 8 de marzo en Colombia, en donde decenas de miles de mujeres salieron a manifestar con su posición aguerrida, el sentir de inconformismo frente a la desigualdad permanente de género, que violenta la esencia natural del ser mujer.

Este día, en diferentes países fueron tomados los campos públicos donde resonaron cientos de voces, reafirmando que con claridad, estamos en un despertar femenino inminente.

En los dos pasados tomos de esta revista, estuve escribiendo sobre la violencia obstetríca, plasmando en palabras que se quedan cortas, a tantas historias que han trasgredido nuestros derechos, los derechos de nuestras hermanas.

La solidaridad “sororidad” femenina se ha ido incrementando, como una oleada de consciencia que va invitando a superar la condición de competitivad que nos han impuesto nuestros sistemas educativos convencionales, y por el contrario, nos convoca a reconocernos en la mirada y el reflejo de la “otra” abrazandonos como una unidad potente que reclama su lugar en esta sociedad.

Son tantos los relatos de violación, de muertes impunes, de desapariciones nunca atendidas o reconocidas por la protección estatal, que requerirían de tanto tiempo para ser relatadas… pero lo cierto y reconfortante es que hoy, en todas nosotras se expresa la unidad, la totalidad, cada día mas fuerte.

He puesto en manifiesto que cada uno de estos espacios de relato, no son una declaración en contra del hombre, por el contrario, invitan a recrear un sistema más equitativo y más armonioso, comprendiendo que el lugar que ocupamos como mujeres es y ha sido indispensable pese a no ser reconocido en todos los escenarios, es tan simple como resaltar que sin nosotras, la concepción de la vida, la proliferación de la raza humana, no sería posible, de la misma forma en que no sería posible sin la fertilización masculina.

Quiero compartir mediante estos escritos, que gracias a estas oleadas de fortalecimiento y lucha por la equidad de género, se han logrado en los ultimos tiempos, instancias que merecen todo el reconocimiento, como la participación de mujeres líderes en cargos de gobierno, y acción social, un camino que aún requiere de más apertura, visionando que una sociedad gobernada de manera mas equilibrada, tendría avances más evidentes, ya que la forma de concebir la vida y lo que a ella compete es tan distinta de la percepción masculina, y es alli donde se aguarda la complementariedad y dualidad natural.

Cabe resaltar que pese a la tergiversación de la historia y tradiciones, algunos pueblos originarios conservan el lugar ideal de reconocimiento a la mujer, comprendida como una autoridad innata en los dones que la naturaleza le ha otorgado: Crear, nutrir, guíar, sostener, embellecer, enternecer, endulzar, florecer, preservar la vida…mucho por aprender de estos sistemas donde en pequeñas escalas se recrea una sociedad mas avanzada. Para alla vamos, esa es la esperanza.

“Yo soy Diosa, toda poderosa, bajo la montaña como el agua entre las rocas, llego al valle, Dios hecha mujer, la tierra reverdece, es tiempo de crecer”

¿Cómo es reconocer nuestra divinidad?

Una larga y ardua tarea nos espera, buscando deconstruir los límites que nos han sido impuestos a través de los estereotipos de belleza femenina, reconociendo nuestros cuerpos en su manifestación perfecta tal cual y como son, reconociendo y aceptando que seremos bellas para los ojos que tengan la capacidad de apreciarnos, pero que por sobre todo, esto debe nacer de nosotras como una primicia.

Deconstruir la marginación, la sumisión y el mal impuesto de tener que reclamar amor, respeto y valor, cuando esto, es un derecho primario que nace desde dentro, cuando nos reconocemos merecedoras y trabajamos continuamente por el fortalecimiento de nuestro lugar, interno, y social.

Recientemente, se ha hecho mas evidente que existe un vínculo fundamental entre género, equidad social y cambio climático, un hecho que expresa que sin igualdad de género, el futuro sostenible seguirá estando fuera de nuestro alcance.

“Dado que las mujeres y las niñas soportan la carga de los efectos de esta crisis, también es esencial que lideren y dirijan el cambio en pos de soluciones, de la mitigación y la adaptación climática. Sin la inclusión de la mitad de la población mundial, es poco probable que mañana se hagan realidad las soluciones que nos brinden un planeta sostenible y un mundo en el que haya igualdad de género. “

 

Somos, seguiremos siendo y resistiendo, cada día con mas presencia y consciencia, por nosotras, por nuestras generaciones futuras y nuestra tierra.

 

Autora : Xochi Bucuru Botache 

Ilustración: Istock/Ponomariova_Maria.

Deja un comentario

es_CO