El paro nacional  ha sido una movilización sin precedentes, al cual se le llamó sin lugar a dudas “un estallido social” que viene haciendo eco desde finales (octubre-noviembre) del 2019 hasta la fecha, sin embargo la mayor concentración nacional tuvo lugar a partir del 28 de abril del 2020. Hecho, que se ha visto marcado por una serie de acontecimientos irregulares y de mucha gravedad. El 2022 inicia con el fantasma del inconformismo.


Uno de los peores gobiernos de Colombia llega a su etapa final y su desaprobación supera el 60%. No es simplemente porque su política esta encalada en un pasado obsoleto, sino porque son 20 años de fracaso administrativo y democrático, en cuanto a los programas sociales, la defensa de la vida y todos los derechos fundamentales establecidos mundialmente.

 

Haremos un breve recuento de los motivos por los cuales el pueblo colombiano salió a las calles para expresar su desacuerdo con el gobierno. La primera y más importante de las razones por la que existe esta inconformidad, es el actual equipo de gobierno, comenzando por el ministerio de justicia, que en el transcurso del mandato han renunciado varios ministros de defensa por incompetencia y violaciones a los derechos humanos, siendo el que le sucede es peor que el anterior. En el ministerio de tecnología se pierden 70 mil millones de pesos destinados a darle cobertura de internet a las escuelas rurales del país, campaña apoyada por todos los aliados del gobierno corrupto, (los llamados clanes políticos). La procuraduría y la fiscalía derrochan el dinero de los colombianos si ejercer su cargo dignamente.

 

Ahora, si miramos a este gobierno desde el inicio de su mandato, se ha visto involucrado en escándalos, como la compra de votos por parte de un sector reconocido de paramilitares y narcotraficantes. La segunda razón porque la que estallo la protesta,  fue las medida económica que se impulsó por parte del gobierno, en cabeza del ministro de hacienda, quien propone una reforma tributaria bastante arbitraria, e injusta, que favorece a los mismos sectores privilegiados de siempre, ofreciendo millonario apoyo a la banca y descuidando los sectores menos favorecidos; a los pequeños y medianos empresarios, quebrando a 600.000 mil empresas, causando el desempleo de más de 3 millones de colombianos, a esto le añadimos el saldo de sangre de 63 personas asesinadas en las nombradas protestas, 44 de estas muertes, a manos de la policía y ejército, según información de las entidades defensoras de derechos humanos.

 

Estamos ante un estado narco-terrorista, pero el problema no es simplemente el gobierno de turno, aquí el problema es estructural e institucional. Los órganos de control y las ramas judiciales se disipan por el enorme poder que tienen los violentos, que amparados por las ganancias del presupuesto público y el narcotráfico, han formado un estado viciado y cómplice de la corrupción, que se atornilla al poder gracias al apoyo de las cúpulas militares formadas con una doctrina anacrónica del enemigo interno.

 

La infiltración de los paramilitares y grupos terroristas en todos los entes gubernamentales y en los poderes económicos han hecho que la justicia se desvirtué absolutamente. Semanalmente los diarios exhiben el asesinato de ambientalistas, líderes sociales y defensores de los derechos humanos sin ninguna garantía de que se haga justicia. Ya es una noticia que se da sin el menor asombro en los medios alcahuetes y mercenarios, de esas maquinas hacedoras del dinero. 

 

A todo este desorden patriótico se suma el famoso proyecto neoliberal del TLC, el cual importa más de 12 millones de toneladas de alimentos que fácilmente se pueden producir en el campo colombiano. La entrega de la empresa agropecuaria colombo-venezolana (monómeros) a la oposición de Guaido y toda su comarca de bufones ladrones, empujan al campo colombiano, cuesta abajo junto con el valor de la moneda nacional, frente al imparable alza del dólar.

 

Ahora bien, se aproximan las elecciones presidenciales con toda su tragicomedia de los terroristas de la información, los diarios serviles a las mafias enfilan sus baterías contra los candidatos que tienen una posición crítica frente al establecimiento, creando escándalos, calumnias, haciendo de la opinión publica un circo increíble. La tergiversación de las propuestas de los candidatos que realmente plantean propuestas y la desinformación que construyen todos los actores de la corrupción auspiciados por los poderes y los medios de comunicación, que cada vez generan más desconfianza entre la población popular, por su afán de perpetuar el caótico estatus quo que hace de Colombia uno de los países más desiguales y pobres de Sudamérica.

 

La contienda electoral siempre se ve afectada por actos de terrorismo que se suman a la campaña de los señores de la guerra. Cada bomba que explota, cada masacre, cada manifestación de los grupos armados al margen de la ley o en contubernio con el estado, hacen parte de la clásica estrategia de miedo para coaccionar al pueblo; Estrategia que ya ha mostrado ser efectiva, con el famoso plebiscito del acuerdo de paz… contra todo pronóstico, el pueblo engañado y manipulado voto “NO A LA PAZ”… Esta es la realidad de un pequeño país situado entre dos mares, con tres cordilleras, con un suelo bastante generoso, con una cultura rica en su diversidad, con un potencial intelectual joven, que está siendo destruido, manipulado y explotado.

 

Sin embargo el pueblo esta alerta, también la juventud en pleno, después de la tentativa rastrera del ministro de hacienda “Carrasquilla”. Todos han visto con el ojo que les queda, como el  estado los hace su enemigo, como envía a las fuerzas armadas contra la población desprotegida, ese mismo estado que roba, asesina y judicializa a sus contradictores, ese mismo que protege a los despojadores de tierras, a los traficantes de cocaína, a los grupos armados, a los corruptos que compran votos… mientras que al campesino y al pueblo trabajador le ofrece hambre y miseria, sus ministros bañan de sangre el territorio y niegan el agua potable a las poblaciones más alejadas y empobrecidas.

 

Las próximas elecciones definirán el destino de los colombianos, si por fin el miedo suelta sus almas y el pueblo puede abrirse nuevos caminos, la esperanza aparecerá con una sonrisa al despuntar el alba de esta larga noche sin fortuna. Como dijo el valiente José Antonio Galán, desmembrado por el virreinato que gobierna hasta el día hoy: “Ni un paso atrás, siempre adelante, y lo que fuere menester ¡que sea!”. UN NUEVO ESTADO.

 

 

 

 

Por H.Martín 

Poeta bogotano, autor de “Las deidades del delirio”, libro de poesía contemporánea visceral con estructura clásica romántica. Guionista de profesión, anarquista de vocación, comunista para quienes no conocen a Marx y un soñador de imposibles.

 

 

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