El estrés es una reacción, no una situación

¿Te resulta familiar la expresión de “que estrés”, o las múltiples veces en que has acudido al control médico o alguna persona cercana a ti acude al diagnóstico frente una situación que afecta la salud, y la respuesta es que todas las enfermedades se resumen a la palabra estrés? 

La verdad es que es este un concepto que desde lo personal, he tratado de comprender al máximo, sin integrarlo absolutamente en mi vida, auto analizando mis emociones y la forma en que respondo acorde a cada una de ellas, sin embargo, es una palabra que se manifiesta continuamente en el ámbito de mi trabajo, en el área de la salud, la cual escucho continuamente en mis pacientes, lo curioso de ello, es que en general, la gran mayoría de las personas desconocen cómo funciona esta reacción en nuestro cuerpo y cómo ha llegado a ser parte del lenguaje y las sensaciones cotidianas de los tiempos modernos.


Te quiero compartir a través de este texto como se ha introducido este concepto en nuestra sociedad a lo largo del tiempo, y las consideraciones que se sugieren tener frente a la manera en que reaccionamos a los acontecimientos de nuestra vida, ya que cada una de nuestras acciones y reacciones repercuten de manera evidente en nuestra salud.


La humanidad vive continuamente en un proceso de adaptación en un mundo cuya organización se ha vuelto cada vez más compleja, la búsqueda de la subsistencia en esta sociedad que avanza (en evolución y/o involución) generando demandas, fenómenos adversos y diferentes formas de sistemas más exigentes, presenta en varias circunstancias reacciones difíciles de manejar o comprender,  debido a que los mecanismos fisiológicos del ser humano para la adaptación no se han desarrollado acorde a esos eventos, lo cual quiere decir que si no adoptamos una posición receptiva a los continuos cambios en el sistema en el que habitamos, nuestro desarrollo fisiológico se ve también afectado.


La realidad muestra que las respuestas fisiológicas a las presiones sociales, a las informaciones alarmantes, a los rápidos cambios para sobrevivir, son las mismas que tenía el ser humano en tiempos antiguos, cuando las necesidades primarias se reducían a cazar, alimentarse, abrigarse y reproducirse, por supuesto además del autocuidado y el cuidado por los espacios o personas con quien tuviese sentido de pertenencia.


Al leer esto, te preguntarás cómo puedes mejorar tu desarrollo fisiológico, y de qué factores depende dicha evolución, o simplemente de que factores depende que puedas llevar una vida con una mejor calidad de salud, entendiendo los tiempos presentes y los retos que este tiempo manifiesta para sostener una vida digna, sea cual sea la sociedad que te acoge en este momento.

 

Partiremos por entender que es el estrés: 

“El estrés es un sentimiento de tensión física o emocional. Puede provenir de cualquier situación o pensamiento que te haga sentir frustrado, furioso o nervioso. Es la reacción de tu cuerpo a un desafío o demanda. En pequeños episodios el estrés puede ser positivo, como cuando te ayuda a evitar el peligro o cumplir con una fecha límite. Pero cuando el estrés dura mucho tiempo, puede dañar tu salud”

Diferentes conceptos son importantes a la hora de leer este artículo, estrés, salud y enfermedad. Comenzaremos analizando el principio de la salud, basado en la forma en que desde la antigüedad fue descrita esta preciada manifestación de bienestar.

 

 Empédocles (434 A.C) expresó que todos los problemas de los organismos vivos consistían en elementos y cualidades en una oposición o alianza dinámica entre unos y otros, y que se necesitaba una armonía para la vida. Unos años después, Hipócrates (460 A.C. por quien tengo total admiración por cada uno de los aportes que dejó fundamentados en la medicina) definía la salud como un balance armónico de los elementos y las cualidades de la vida.

 

A partir de estas expresiones, se deduce que la salud está sujeta a la armonía con la cual percibimos nuestra naturaleza interna, los elementos que nos componen dentro (agua, fuego, aire, tierra) y que están presentes en todo cuanto nos rodea.

 

Hipócrates aludía a la enfermedad como a una falta de armonía sistemática de esos elementos. Los romanos continuaron con estos análisis y lograron desarrollar más claramente el concepto de enfermedad como falta de armonía. En el siglo XIX, Claude Bernard extendió el concepto de armonía con un principio de equilibrio dinámico fisiológico interno, por lo cual, a partir de un estado armonioso hay un buen desarrollo fisiológico, y por ende mayor capacidad de adaptación.

 

De esta forma entre el análisis de dos condiciones humanas cotidianas, la salud y la enfermedad, en el paso del tiempo se introdujo en la medicina el concepto de “estrés”. Hans Selye, fisiólogo y médico (1907 – 1982) introdujo y popularizó el concepto como una idea científica médica. Es a él, a quien se le atribuye el haber introducido la palabra estrés en la biología, en el año 1950, cuando publicó sus estudios realizados sobre esta reacción en el cuerpo de los seres vivientes. La palabra estrés tiene su origen en el término inglés “stress” que significa “tensión” o “presión”, un concepto central del síndrome general de adaptación (SGA) tan importante en la medicina.

 

Básicamente el SGA, se reconoce en tres fases que son: alarma, resistencia y agotamiento. Durante dichas fases se encuentran funcionando tres ejes fisiológicos que secuencialmente son el eje neural, el eje neuroendocrino y el eje endocrino ( donde se ven involucrados el cerebro, sistema nervioso y el funcionamiento hormonal) de allí, la importancia de aprender a percibir un síntoma primario de tensión como una “alarma” manifestación de protección o un llamado de atención a nuestro cuerpo, lo cual es importante y natural,  y comprender que la tensión en grados más crónico, (no necesaria)  pasa de ser una resistencia, a un agotamiento, y por ende a convertirse en enfermedad.

 

Con todo esto, estas son las conclusiones y apreciaciones a tener en cuenta:

El estrés o señal de tensión es un sentimiento normal, siempre y cuando se manifieste de manera natural y no llegue a ser invasivo y dañino. Hay dos tipos principales de estrés: 

Estrés agudo: Este es estrés a corto plazo que desaparece rápidamente. Puedes sentirlo en un momento de tensión cuando estás en una situación de presión, cuando estás en una discusión con una persona, cuando estás en situaciones que elevan la adrenalina, como los deportes extremos. Esta manifestación te ayuda a controlar las situaciones peligrosas. También ocurre cuando haces algo nuevo o emocionante. Todas las personas sienten estrés agudo en algún momento u otro.

Estrés crónico: Este es el estrés que dura por un período de tiempo prolongado. Tú puedes tener estrés crónico si tienes problemas de dinero, una relación en infelicidad o problemas más profundos en el ámbito social. Cualquier tipo de estrés que continúa por semanas o meses es estrés crónico. Puedes acostumbrarte tanto al estrés crónico que no te das cuenta, pero seguramente, si notaras las desmejoras en tu salud.


INFLUENCIAS EN TU CUERPO


Tu cuerpo reacciona ante el estrés al liberar hormonas. Estas hormonas hacen que tu cerebro esté más alerta, causando que tus músculos se tensionen y, por ende, aumenten tu pulso. A corto plazo, estas reacciones son buenas porque pueden ayudarte a manejar la situación que causa el estrés. Esta es la manera en que tu cuerpo se protege a sí mismo.

Cuando tienes estrés crónico, tu cuerpo se mantiene alerta incluso cuando no hay peligro. Con el tiempo, esto puede generar enfermedades ya que el funcionamiento fisiológico pierde su armonía natural, la presión arterial alta, la diabetes, depresión, ansiedad, acné, problemas menstruales, bipolaridad, obesidad… son algunas de las manifestaciones físicas comunes, cuando careces de mayor armonía interior. 

Cuando tienes manifestaciones permanentes que afectan la memoria, dolores de cabeza frecuentes, falta de concentración, alteraciones de sueño (problemas para dormir, o dormir demasiado) dependencia de drogas para relajarte, y malestar estomacal continuo, son signos de que has sobrepasado el límite de tensión natural del cuerpo, lo cual te invita a reevaluar y revisar de qué manera estas asumiendo los acontecimientos de la vida y cuanto nivel de presión ejerces sobre ti mismo, y si, no es fácil con nuestras agitadas vidas de estos tiempos, sin embargo, recuerda que la salud es un estado de consciencia y que pese a las circunstancias, el incremento de tu armonía interior puede ser de mayor utilidad en los tiempos difíciles, recuerda que un cuerpo enfermo pierde su nivel de resistencia usual, y esta, es necesaria para sobrellevar la vida.


Te invito a leer el próximo artículo, en la edición de septiembre, donde se compartirán formas de mejorar nuestra fisiología de manera natural. Gracias por ser parte de nuestra revista, Cultural Tras La Huella.

 

 

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