Microbiota: los pequeños huéspedes indispensables para una vida sana

¿Sabías que en nuestro intestino habitan alrededor de 38 billones de bacterias?

De hecho, si tomamos en cuenta que nuestro cuerpo posee 30 billones de células humanas podemos darnos cuenta que ¡más de la mitad de nuestro organismo está constituido por bacterias! Si tomamos como referencia una persona que pesa 70 kilogramos, este enorme número de bacterias representan aproximadamente unos 200 gramos del peso total.

¿Increíble, no?

La pregunta ahora es :

¿Qué papel juegan estos microrganismos en nuestro intestino?

¿Te ha pasado alguna vez que luego de un tratamiento con antibióticos tuviste malestares estomacales o diarrea? Si la respuesta es sí, quiero contarte que esto es totalmente normal y le ocurre a la mayoría de las personas. Esto pasa porque los antibióticos que tomamos no están dirigidos solamente a las bacterias patógenas, las que nos causan enfermedades, sino que también pueden afectar a aquellas bacterias que conviven en una relación armónica con nosotros y que son necesarias para el buen funcionamiento de nuestro organismo, como las bacterias que habitan en el intestino. La función que pueden estar desarrollando estos pequeños organismos en nuestro cuerpo es algo que ha tenido a los científicos muy interesados, he incluso, han propuesto que su función no solo puede ser local en el sistema digestivo, sino que también pueden afectar el funcionamiento general de nuestro organismo.

Se ha estimado que nuestro colon es uno de los ecosistemas con mayor densidad y diversidad microbiana del que se tenga registro en la tierra.  Para que les vayas conociendo, este grupo de microorganismo se llama microbiota o flora bacteriana. Hasta hace muy poco se creía que su función era principalmente alimenticia, ya que las bacterias del intestino participan de manera importante en la digestión de productos que no son digeribles por nuestras células, como es el caso de la fibra presente en los vegetales. Pero hace unos años los científicos descubrieron que la función de estos pequeños organismos iba mucho más allá: su presencia es fundamental para procesos tan importantes como la defensa inmunitaria y la mantención de la pared intestinal. Trabajos aun más recientes muestran también un rol fundamental en la función del sistema nervioso, lo que ha llevado a los científicos a llamar a nuestro intestino “el segundo cerebro”.

La relación entre la microbiota, el intestino y el cerebro.

Para comprender mejor el rol de la microbiota se han hecho muchos estudios. Por ejemplo, en el año 2004, un grupo de la universidad de Kyushu, en Japón, realizó una investigación utilizando dos grupos de ratones. El primer grupo correspondía a un tipo especial de ratones que fueron criados de manera aséptica, por lo que no tenían microbiota. El segundo grupo correspondía a ratones con microbiota. Ambos grupos fueron sometidos a una condición de estrés y al final del experimento se midió el nivel de dos hormonas presentes en la sangre, las cuales se relacionan con el estrés (adrenocorticotropina y cortisona). Los investigadores encontraron que los ratones sin microbiota tenían un mayor nivel de hormonas de estrés en la sangre que los ratones con microbiota normal, demostrando que estos microorganismos participaban, de algún modo, en la respuesta y regulación del estrés. El estudio también mostró que los ratones sin microbiota presentaban menor cantidad de neurotrofinas en el hipocampo. Las neurotrofinas son unas proteínas responsables de la plasticidad neuronal y el hipocampo es la región de nuestro cerebro encargada de la memoria.

Este resultado mostró, por primera vez, que la microbiota intestinal también podía influir en el sistema nervioso.

Este fenómeno se conoce hoy como brain-gut axis o eje intestino-cerebro. Trabajos posteriores han demostrado incluso que el tipo de flora intestinal puede tener una incidencia en la generación de enfermedades neurológicas como la depresión, ansiedad, trastorno obsesivo compulsivo, etc.

¿Cómo tener una microbiota saludable?

Lo que comemos nutre y regula a las bacterias de nuestro intestino y, como hemos visto hasta ahora, nuestra microbiota afecta a nuestro sistema nervioso. Por esto, tiene sentido pensar que la alimentación influye de manera importante en nuestros estados de ánimo. Por ejemplo, hay un grupo de bacterias que digiere la fibra transformándola en acido butírico, el cual es absorbido por el intestino para luego formar un neurotransmisor fundamental en la disminución del estrés. Así, si tenemos una dieta alta en fibra como vegetales crudos y granos es probable que nuestras bacterias produzcan más acido butírico, ayudándonos finalmente a sentir menos estrés.

Por otro lado, los humanos hemos consumido productos que contienen microorganismos vivos desde el período neolítico o edad de piedra

Hoy sabemos que la microbiota no solo participa facilitando la digestión, sino también en otros procesos como respuesta al estrés y salud mental en general. Esto refuerza aun más la necesidad de tener una alimentación sana y equilibrada

Así que ahora que ya sabes que no estás solo, es hora de pensar en generar buenos hábitos alimenticios que permitan mantener a nuestros co-habitantes contentos, y que así, nos ayuden a tener una vida más feliz y con menos estrés!!

Bibliografía

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Autora : 

Natalia Beiza estudio biología en la Universidad de Chile y actualmente se encuentra terminando su doctorado en Neurociencias. Desde que empezó su carrera científica siempre se interesó por la divulgación cientīca, participando como profesora y monitora en distintos proyectos que buscan acercar la ciencia al público general. En los últimos años se ha interesado también en el arte como manera de comunicar y generar acciones que puedan tener implicancias políticas.

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