Primera parte del libro :  Tybso ie Caminos de barro

 

La recomposición del chorote se empieza a gestar con el recuerdo de una imagen que llega a mi mente y mi corazón, yendo por caminos antiguos de barro y arropado por la vegetación de estos senderos de niebla que no conocía muy bien, pero que sin duda los andaba con la confianza de haberlos caminado antes. La certeza de haber recorrido estos lugares es, quizás, porque visitaba con frecuencia la casa de mis sabios abuelos maternos, un lugar sin igual donde experimentaba momentos de aventura con mis seres queridos al tener contacto directo con la tierra, cosechar y disfrutar de las preparaciones de alimentos con frutos recién cogidos. Además de disfrutar la cita infaltable, la cual consistía en reunirnos, escuchando los consejos, anécdotas e historias de mi familia, casi en silencio en donde apenas se oían los sonidos de fondo que hacían los animales, el viento y el agua.

 

Esta imagen representa un encuentro personal de meditación en donde, de alguna manera, lo que se busca es recoger los pasos de la historia familiar acontecidos en este territorio, y que llevo arraigados en mis pensamientos como gratos recuerdos de infancia. Además, es el llamado a volver a recorrer estos caminos ancestrales o caminos de herradura y encontrar los diversos acontecimientos labrados con las huellas de tanta gente que pasó y sigue pasando por allí.

 

Es el deseo por ahondar de dónde provienen las raíces identitárias campesinas para   reconocer y fortalecer las tradiciones sumergidas en los saberes del terruño de La Calera, el lugar en donde nací y vivo. Es un territorio rodeado de una gama mágica de verdes y azulados paisajes montañosos de donde brotan un sin número de fuentes de agua y las ansias de documentar una historia que refleje la identidad local contenida y arraigada inconscientemente en nuestras tradiciones, y que hacen parte de una memoria cultural que simbólicamente está guardada en antiguas ollas de barro rescatadas patrimonialmente.

 

Lo anterior me permite direccionar esta investigación de una historia poco contada, haciendo un recorrido a las profundidades de las memorias de los nativos muiscas campesinos de este antiguo, y actual, Valle Sagrado de Teusacá, tomando como el punto de partida el resonar de los interrogantes: ¿qué contenidos y significados tendrán una variedad de piezas de cerámicas locales que comúnmente la gente llama chorotes? Y, en este sentido: ¿qué es el chorote?

 

Estas premisas me han acompañado y exigido a mirar más allá de lo evidente, de lo superficial y confuso de la historia oficial, y sus supuestas verdades absolutas, contada de nuestro emparamado pasado caleruno, que, al rememorarlo, desde las cosas cotidianas, reafianza el tejido de la memoria y los eco-saberes locales.

 

Los eco-saberes son saberes locales y sentires ancestrales llenos de experiencia cotidiana que como un eco resuenan en el territorio a través del tiempo, y los cuales son conservados de generación en generación. Son dichos populares, sencillos consejos sabios y prácticos para relacionarse armoniosamente con el territorio, y sentidas manifestaciones ecológicas que hacen parte esencial de la memoria cultural de un pueblo.

 

Siendo los eco-saberes un arte vivencial contemplativo que generan percepciones sencillas pero profundas, filosóficas y netamente espirituales, son también, una forma de comprender las tradiciones campesinas como herencia de los antepasados muiscas de la región, y que se expresa en la memoria reconstruida desde la tradición oral. En este sentido, los eco-saberes son indispensables para la construcción de las narrativas alternativas y las nuevas narrativas del territorio (étnicas, rurales, populares etc.), dando luces para comprender el cómo somos lo que somos.

 

Por ello es necesario explorar en las historias del territorio inmersas en los caminos conocidos y en las piezas de barro que se utilizaron inicialmente en esta región, y que hasta hoy se conservan en la memoria y la oralidad campesina contemporánea.

 

 

Camino de la Peña de Tunjaque. Fotografía, Leonardo Ayala S., 2020.

 

Puesto que se entiende que estos caminos de barro son un escenario vital que nos permite hablar de lo que somos desde las relaciones con el territorio y reconocer las memorias de nuestros antepasados sin los prejuicios impuestos durante las épocas de conquista y de colonización, en que se cambiaron las formas de ver y sentir la vida en relación con el territorio, lo que ha implicado una desconexión de la gente con el entorno, que desde esta perspectiva denominó: EcoSentir[1]. Este viaje por los polvorosos y barrosos caminos calerunos de nuestra historia, precisamente, nos llevará a encontrar nuestro propio eco-sentir[2] y adentrarnos en él, para así, abrir un horizonte de reflexión y cuestionamiento sobre cómo estamos cuidando la tierra como hogar que nos acoge y cómo queremos seguir rememorando las historias y conservando la inmensa riqueza cultural en nuestro territorio: herencia de los campos enruanados con los pliegues naturales de las montañas de esta región.

 

Y es por eso que al cargar de sentidos simbólicos los caminos que propiciaron la transformación del barro en cerámicas con la identidad de sociedades antecesoras, como la Muisca, a la vez se reconoce y re-simboliza este legado histórico presente en el territorio a través de algunos nombres derivados de la lengua Muysc cubun y de antiquísimas manifestaciones artesanales y artísticas, algunas de las cuales se encuentran en rocas pintadas (pictografías) y en algunos objetos líticos.

 

En este sentido, al recordar y retomar las tradiciones locales étnicas y campesinas y reaprehenderlas también se reactivan y revindican los contenidos de las memorias que ayudan a cimentar en el territorio nuestra raíz Muisca y a sentir más propia esta identidad cultural, valorar los legados históricos que nos dejaron nuestros antepasados como un arte y conocimiento invaluables para beneficio y deleite comunitario, que debemos salvaguardar como un patrimonio contenido en la memoria y en el paisaje cultural.

 

Con lo anterior, centrando y reuniendo estas semillas que germinan en el fondo de una vasija de barro y que nos invitan a valorar más lo propio, lo nuestro, y autóctono del territorio como lo es el legado del lenguaje Muysc cubun. Es por ello que se le dio a esta travesía el título “TYBSO IE, un término proveniente de este idioma que en español significa “Camino de barro / Caminos de barro”, en donde la palabra TYBSO es el barro de olleros y IE es el camino[1].

 

 

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[1] La palabra EcoSentir surgió de la recomendación del Profesor Edwin Domínguez, de hacer una relación de oposición con la palabra “eco-lógico”, tal como ha sido concebida desde la lógica de dominar la naturaleza y desencantarla, para pasar a una relación con la palabra “eco-sensible” como la posibilidad de sensibilizarnos con la casa común que es el Territorio.

[2] ECOSENTIR: Eco del griego: oikos, “hogar”, y Sentir del latín: sentire, referente a “experimentar una sensación a través de los sentidos, y a la vez el sentimiento, reflexión o acto de decisión que esta percepción conlleva o provoca” (http://etimologias.dechile.net/?sentir).

 

[1] Uricoechea Ezequiel. Gramática, vocabulario, catecismo y confesionario de la lengua chibcha. Colección Lingüística Americana. Tomo Primero. Paris. 1871. Pág. 119

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Autor : Leonardo Ayala Sandino

 

Licenciado en Educación Artística de la UNIMINUTO, investigador independiente, artista plástico y gestor cultural.  Es el autor de los libros “TYBSO IE Caminos de barro” y “Remembranza Nativa Mhuysqa en Tunsaque y Suaque”, investigaciones para la promoción del patrimonio cultural y natural del municipio de La Calera, ancestral territorio muisca del Teusacá.  

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